jueves 19 de enero de 2012

El desafío de Rafael Correa



El Mandatario ecuatoriano está más enfundado que nunca en su misión: cambiar al país. Cada frase, acción y gestión se mueve en ese eje. En la entrevista que concedió a El Telégrafo afronta esa reflexión y mira hacia adelante. (Publicada el 15 de enero de 2012, al cumplir 5 años en el poder)

Orlando Pérez

Su despacho está aclimatado y luce muy iluminado. Reclinadas a su izquierda hay varias fotos. La que se destaca por delante de todas es la de su ex guardaespaldas John Merino, quien murió por efecto de la llamada gripe porcina, según algunos, por entregarse por completo al trabajo y no atenderse oportunamente. En otra está con su hijo Miguelito, en otra más, con su esposa e hijas. En todas hay un Rafael Correa tierno y afable, como si lo más importante fuese quien está a su lado.
Tiene varios libros apilados a sus espaldas. Entre ellos hay tres ejemplares de la útima edición del suyo: “Ecuador: de Banana Republic a la No República”. Lo comentamos mientras me regala uno. Y al mencionarle el libro del vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, Las tensiones creativas de la Revolución, abre los ojos y se da la vuelta: con emoción me indica uno que está en su maletín (ese que siempre lleva y lo acompaña, pero que ahora, a diferencia de cuando lo conocí en unos seminarios de la fundación Esquel, hace más de siete años, ya no se lo ve en sus manos).
Se trata de “El nuevo topo”, de Emir Sader. Es un texto que habla del proceso de cambio de América Latina de la última década. Y menciona a Correa y al Ecuador. Me lo recomienda y dice que es una gran obra para entender el momento que vivimos en el continente.
Sader, en una entrevista, cuando le preguntan ¿Qué país en América Latina ve con proyectos más consolidados?, responde: “Ecuador y Bolivia, que tienen procesos más orgánicos, más equilibrados entre la transformación social y la del Estado”.
Correa está en su despacho enfundado en su misión. No para un minuto y apenas tiene tiempo para leer con calma esos libros. Debe leer muchos documentos e informes, firmar papeles que deciden el destino de millones de ecuatorianos.
Cinco años después su mirada es la misma, pero hay algo en sus gestos que revelan que Correa no está comprometido con un plan idealista y menos solo con un sueño: está metido en una lucha y con una obsesión: cambiar al Ecuador. Y lo enfatiza varias veces: “Un cambio cultural es lo que nos hace falta, y eso no es fácil”.
Para nosotros, sus contemporáneos, tampoco es fácil entender cómo lo va a hacer, pero él replica: “Lo tenemos que hacer todos, en cada una de nuestras tareas y responsabilidades”.

En la entrevista, que en las siguientes páginas se transcribe, deja entrever que hay cosas de las que se siente insatisfecho y hasta decepcionado, quizá porque no tiene eco y otras porque sus colaboradores se han demorado mucho en ejecutar lo que se pudo hacer en menos de un año. Pero también está convencido de que esta es una revolución y se siente orgulloso de liderarla.

“Somos expresión de la indignación de los ecuatorianos”

¿Por qué el proyecto que usted preside es una revolución?
Este es un proyecto alternativo. Lo definimos como un cambio radical, profundo y rápido del sistema vigente, pero insisto, teniendo un sistema alternativo. Muchas veces no se puede tener todas las cosas claras. Se tiene que hacer camino al andar, pero con los principios claros de lo que se puede hacer. No se trata solo de oponerse por oponerse, cambiar por cambiar. La pregunta es: ¿cambiar hacia dónde? Tiene que ser hacia algo mejor, y eso es lo que está sucediendo en Ecuador.

¿Y por qué todavía no es una revolución ciudadana?
Yo creo que sí es una revolución ciudadana. Ha sido la voluntad de los ciudadanos, fueron los indignados los que nos trajeron aquí. Ecuador se indignó mucho antes que el resto del mundo. Y gracias a esa indignación, a los forajidos, el decir basta a tanta destrucción, se generó el gobierno de la Revolución Ciudadana. Si usted mira los gabinetes itinerantes y la participación de la gente en muchas acciones, le puedo asegurar que esta es una revolución de los ciudadanos.

¿Cree que el “Club de Tobi” es el que quiere gobernar el país?
Gran parte del “Club de Tobi” continúa en el Gobierno. Ahí está Fander Falconí, Augusto Barrera, Javier Ponce, quien le habla, por supuesto, y todos rendiremos cuentas a la historia. Estoy de acuerdo con que exista lugar para disentir, para criticar, pero tratar de desestabilizar, obstruir, hacer fracasar a este gobierno, jamás. ¿Cuál es el objetivo? Lo que están haciendo es a favor de los grupos de derecha que tanto daño nos hicieron. Aquí no esperamos que mande el “Club de Tobi”, queremos que manden las grandes mayorías en procesos democráticos. Esencial en ese proceso son los programas que se han presentado al escrutinio del pueblo.
Le digo esto porque algunos contradictores ahora dicen que ya no es de los ciudadanos, sino solamente del Presidente...
La mediocridad ha llegado hasta el punto que ha satanizado hasta el liderazgo. ¿Usted me puede decir de algún proceso en el mundo que no haya tenido un liderazgo fuerte? Este Gobierno ha sido mucho más participativo, con equidad de género, gabinetes itinerantes, socialización de leyes, la misma elaboración de la Constitución de la República, con todos los espacios de participación y en jornadas extenuantes, el Presidente recibiendo a todos los estamentos, gremios, alcaldes, visitas a cada rincón del país.
Para Gustavo Larrea, quien es el que dice esas cosas; y para Alberto Acosta, participación es que nosotros ganemos elecciones y decidan ellos. A ellos les tengo la mala noticia: mientras yo sea Presidente, aquí va a prevalecer la voluntad del pueblo ecuatoriano, el programa de gobierno votado en las urnas; y no los caprichos de los que nunca han ganado media elección. Nos pueden acusar de cualquier cosa, menos de incoherentes: hacemos exactamente lo que propusimos al pueblo ecuatoriano y lo que este aprobó mayoritariamente en las urnas.

Tras cinco años, ¿cuál cree que es el factor real emancipador de la Revolución Ciudadana?
Nosotros somos la expresión de la indignación de la gente, y esa indignación tenía que sentirse correspondida y útil. Creo que eso hemos logrado. Si usted me pregunta cuál es la principal obra del Gobierno, respondería: hemos logrado superar esos complejos a los que tanto tiempo nos condenaron la prensa, los estamentos, las élites y hasta ciertos grupos eclesiásticos, de que éramos inferiores al resto, de que así nacimos y así vamos a morir, de que somos los más perezosos, los más corruptos. Un ejemplo concreto: carreteras. ¿Quién se iba a imaginar que Ecuador podía tener las mejores carreteras de la región? Ya era un destino ineluctable, una ley física, que nosotros no podíamos tener buenas carreteras. Eso es uno de los grandes descubrimientos. Yo, como economista, sé que la infraestructura es fundamental en el gran desarrollo, que la infraestructura es importante. Lo que nunca me imaginé era el efecto en la autoestima de la gente. Por lo tanto, hemos recuperado esa fuerza interior, esa voluntad de cambio, de victoria, que es fundamental para que los pueblos salgan adelante.

¿Cómo le suena la siguiente frase al Presidente: La Revolución Ciudadana mató a la partidocracia, pero todavía asiste a su duelo?
Yo creo que tiene mucha razón. Lo peor que podemos hacer es caer en el exceso de confianza. Hemos cambiado la relación de poder, pero ese otro poder, la partidocracia, todavía sigue vivo, debilitado pero vivo. Ya no controla el país, pero existe y al menor descuido puede retomar su poder. Esa clase política que teníamos está tremendamente debilitada, pero de repente los medios generan una mentira creíble, nos desestabilizan y esa partidocracia puede volver al poder. Ese es un desafío. Sé que en nuestro gobierno no vamos a resolverlo todo. Este proceso requiere de diez o quince años. Dios quiera que continúen gobiernos sucesivos de la Revolución Ciudadana.
Muchas veces se le escucha hablar de que no es un político, ¿qué le impide todavía definirse como tal después de cinco años de hacer política desde el poder?
Yo siempre he sido político, si define político en su forma etimológica, es decir: buscar el bien público. En ese sentido creo que todo ciudadano tiene el deber de ser político. La política, peyorativamente entendida en el Ecuador, es terrible y yo la rechazo. Para mí, la política es servir, independientemente de lo que logre o no logre. Si no logré servir, si no logré cambiar nada, fracasé totalmente en política.

¿“Política” está dejando de ser una mala palabra?
Nunca fue una mala palabra. La estigmatizaron los politiqueros de aquí, la destruyeron; y ese es uno de los retos: rescatar la validez de la política.
¿Qué aprendió de bueno, o qué hay de bueno en la política o haciendo política durante estos cinco años?
Esa disposición de servir, siempre lo dijimos. Uno puede servir desde cualquier rincón, desde cualquier lugar, pero no nos engañemos: aquí hay injusticia estructural, siempre habrá desfavorecidos por la naturaleza, discapacitados, gente que necesite de la solidaridad de uno, del cariño, del acompañamiento, pero esa inequidad, esa injusticia social económica es estructural; y para cambiar eso se necesita cambiar el poder. No nos engañemos, yo puedo hacer fundaciones, apostolados y muchísimas cosas, pero tan solo va a sostener un sistema tremendamente excluyente si la sociedad siempre quiere beneficencia, caridad. Lo que es intolerable son los pobres socioeconómicos. Y para remediar esa pobreza intolerable tenemos que cambiar estructuras; y para cambiar las estructuras se necesita un poder político.
Presidente, en cinco años usted insiste regularmente, y me parece que ya ha calado mucho en el imaginario de la gente, que no puede haber un cambio cultural en cinco años, profundo, transformador, de un día para el otro.

¿Qué ha frenado en cinco años ese proceso de cambio cultural y cómo están dadas las condiciones para que ese cambio ocurra en los próximos años?
Yo creo que sí hay un cambio cultural. Le decía hace un momento: hay que recuperar la confianza en nosotros mismos, el no tener ese derrotismo histórico, de que no podemos salir adelante. Eso ya es un cambio cultural, pero falta avanzar mucho más. Muchas veces ese cambio cultural se acelera por graves acontecimientos que, Dios no quiera, pasen en el país, como las guerras mundiales que hicieron cambiar radicalmente ciertas sociedades. Entonces es un proceso donde tiene mucho que ver la educación, el liderazgo, la religión. La cultura está tremendamente condicionada por la religión. Si hay una religión que te dice: “Yo nací pobre y moriré pobre, porque después en el paraíso seré rico y voy a vivir feliz, porque así Dios me hizo y todo depende de Dios y nada de mí”, se inmoviliza. Son esas cosas las que tenemos que cambiar. Y para ello hace falta un proceso político y un proceso que hay que acelerarlo.
Cada vez estoy más convencido de que necesitamos una segunda etapa; en una segunda etapa la relación de poder será distinta. Eso implica, en términos económicos, mejor asignación de recursos. Si antes iba todo a la deuda, ahora va todo para educación, salud, etc. Pero ahora viene una segunda etapa. El desarrollo, el punto de partida fundamental es que cambie la relación de poder. No es un problema solamente técnico, pero también es técnico. Y ahí viene lo de cultura: buscar la eficiencia, la responsabilidad, hacer las cosas extraordinariamente bien.
Estoy convencido de que los países que han logrado el éxito son los países donde el lustrabotas, el conserje y hasta el gerente general de la compañía hacen las cosas extraordinariamente bien. Eso se llama cultura de la excelencia.

“Hay gente que era de la CIA que ahora sigue conspirando”

¿Qué le impediría a usted ser reelecto presidente?
Que haya otra persona de Alianza PAIS que garantice de mejor manera la victoria electoral. Ahí me haría a un lado. Estoy bastante cansado, mi familia se ha sacrificado muchísimo. Lo que menos pretendo es ser indispensable. Todos somos necesarios, pero nadie indispensable.

Si Lenín Moreno ya no será su compañero, ¿su binomio será una mujer, indígena y joven?
No especulemos de las especulaciones. Primero habrá que definir si voy a la reelección o no. Y por supuesto que sería interesante un binomio con una mujer joven que represente todo lo que busca la revolución ciudadana, grupos siempre excluidos, indígenas, un afro, mujer por equidad de género, juventud, pero no siempre se puede encontrar el candidato ideal.
¿Siendo este año de elecciones, cuál será el eje movilizador de su campaña?
Hemos dicho que se van a priorizar varios aspectos, la revolución vial, educativa, salud, seguridad. Ya se están viendo los frutos de todo lo que hemos sembrado estos últimos años. Este año haremos 425 UPC, está en prueba el sistema integrado de seguridad más moderno de toda América Latina y es impresionante realmente. Algún rato vaya y vea La Puntilla. Hemos dicho que este será el año del talento humano, la ciencia y la tecnología. Y estamos poniendo mucho énfasis, porque creemos que sin eso no habrá futuro. Será la evaluación de las universidades, la ciudad del conocimiento y fomentar los recursos para laboratorios de investigación.

Usted varias veces ha dicho que se va a radicalizar la revolución. ¿Este será el año para eso?
Para radicalizar esa revolución tenemos que seguir con ese cambio de poderes en función de las grandes mayorías que dependen básicamente de la acción política del Gobierno. El complemento, lo necesario, es el cambio cultural, la cultura de excelencia depende de todos los ecuatorianos.

¿Cuál es el momento más crítico vivido durante estos cinco años?
Han habido muchos. Recuerde que a los nueve días de asumir el mando, en un trágico accidente, murió Guadalupe Larriva y su hija Claudia de 15 años, y cinco soldados de la Patria. Después vino lo de la Angostura, cuando encima nos quisieron involucrar con las FARC, y luego obviamente el 30 de septiembre y hasta ayer (el jueves pasado) la renuncia del ministro de Salud, un queridísimo amigo. Son cosas duras. Pero probablemente el más crítico fue el 30 de septiembre, sobre todo cuando supimos que balas asesinas mataron a cinco ciudadanos, uno de ellos civiles y cuatro uniformados.

¿Y el momento más emotivo?
Ahí tenemos muchos, pero el peor error en el que podemos caer es el exceso de confianza. Y hay muchas cosas irreversibles. E insisto, cada día nos levantamos pensando qué se inventó la prensa. Mire lo que sacó el Washington Post, un poco menos que aquí hay un dictador loco, manipulando la justicia. Hay gente conspirando y cara dura, los jefes de inteligencia que descaradamente trabajan con la CIA siguen conspirando y manejando círculos.

“Aquí han querido privatizar hasta la libertad de expresión”

Algunos analistas creen que en este proceso, al no tener enemigos políticos claros usted escogió a la prensa como contradictor político.
En primer lugar no es cierto. Alguna gente me sobreestima y piensa que yo estoy calculando todo, y no es cierto. Sinceramente estoy convencido de que la prensa es uno de los poderes fácticos más grandes de Ecuador y de América Latina, y planetarios. Son empresas con fines de lucro que proveen un bien fundamental: la información. Y más aún, no son 500 empresas, a nivel nacional son 4 ó 5 diarios, 6 ó 7 canales, son oligopolios manejando la información.
Son grupos con tremendo poder social y económico. Y en el caso ecuatoriano claramente han abusado de ese poder informativo. Entonces estoy convencido de que son un grave peligro para la democracia y estoy determinado por el bien mío y de las futuras generaciones a poner límites a los abusos de poder que han cometido ciertos negocios dedicados a la comunicación.

La libertad de expresión también es una suma de derechos. ¿En su criterio, cuáles privilegia a la hora de defender la libertad de expresión de los ecuatorianos?
Ese es un falso dilema. Toda libertad tiene límites y están claramente establecidos. Incluso, en los instrumentos internacionales se fijan los límites a la libertad de expresión: la honra y reputación de las personas, que también son un derecho humano, y la seguridad nacional. Pero aquí, enarbolando la libertad de expresión, manipulando y tergiversando ese derecho tan sagrado, quieren hacer lo que les da la gana. Mire el caso de El Universo: en nombre de la libertad de expresión están utilizando una mentira, cuando la libertad de expresión se debe basar en la verdad.
Entonces, yo privilegio la verdadera libertad, la que se basa en la verdad, porque no hay libertad sin responsabilidad. Aquí han querido privatizar hasta la libertad de expresión creyendo que se trata de un derecho solo de los dueños de los periódicos, cuando es de todos los ciudadanos.

A los medios públicos nos acusan de gobiernistas, de oficialistas...
Porque no me insultan, así que deberían insultar de vez en cuando al presidente (risas).

¿Qué deben ser para usted los medios públicos: críticos, investigativos, de servicio a la ciudadanía, reflexión, debate?
Todo aquello. Que cumplan su deber fundamental de comunicación social. Lo básico aquí es la comunicación social y los instrumentos son los medios de comunicación, en parte. Yo hago comunicación social con mi informe de labores cada sábado. En parte son los medios de comunicación, pero ¿por qué tienen que ser privados y con fines de lucro? Es más, por definición, si se contraponen sus intereses privados, a la comunicación social, van a privilegiar lo primero.
Entonces es bueno que haya medios públicos, sin finalidad de lucro, medios alternativos y comunitarios. Eso es democratizar la comunicación social y es acercarnos a la verdadera libertad de expresión. Y ¿qué espero de los medios públicos? Que cumplan a cabalidad ese rol de comunicación social, lo que dice usted: reflexión, opinión, crítica, investigación, pero no mentira, ni manipulación.
Hasta esa manipulación que se hace desde los medios en función de cierta religiosidad. Yo recuerdo cuando Facundo Cabral comentaba algo que le había sorprendido en uno de sus viajes: encontró a un hombre en un basurero y le preguntó dónde le gustaría estar y él dijo: “Aquí, porque aquí es donde el Señor me puso”. Él lo presentaba como algo bueno, ¡pero es terrible! Mata toda capacidad de superación, te condena a un conformismo terrible. Entonces, esa clase de antivalores culturales son terribles para el progreso y para el buen vivir. Entonces el cambio cultural es fundamental, pero no solo en ese sentido, de superar el inmovilismo, está también en la capacidad de organización.
En América Latina todo el mundo quiere ser capitán y nadie marinero. Todo el mundo dice que lucha contra la corrupción, y cuando ocurre algo dicen “metan preso a todo el mundo menos a mi familia, a mis amigos no”. Resulta que todo delincuente tiene familia y amigos. Entonces, el capital cultural es sumamente importante.
Y por último está el capital social, eso es básicamente tener un proyecto nacional, porque de qué sirve tener 14 millones de genios halando cada uno para su lado. Ejemplo de lo que digo, Rusia, en los años 90. Tenían ciencia y tecnología, tenían gran talento humano, pero se destruyó su capital social y decreció un 30% su PIB.

“No hemos podido cambiar el modelo de acumulación”

¿Por qué no se pudo reducir más la pobreza de lo que ya ha bajado? ¿Es por falta de recursos, calidad del gasto o un fenómeno crónico que el Gobierno no lo podía lograr?
Es cambiar las estructuras y eso es tremendamente duro. Hemos avanzado y creo que el país va en la dirección correcta. Poco a poco seguiremos avanzando. El país es como un barco gigantesco que de cierto modo va hacia un iceberg y mientras más grande es el barco más rápido llegará al iceberg, lo que hace más difícil cambiar de dirección.
Hemos logrado enrumbar al país en la dirección correcta, pero ahora es necesario tomar velocidad de crucero, y lo más difícil ha sido cambiar esa relación de poderes y esperamos que la disminución de la pobreza se acelere aún más, pero no vamos a olvidar que nuestras economías son aún vulnerables; y es un éxito estar entre los cinco países que más han reducido pobreza en América Latina según la Cepal, un éxito que hemos logrado teniendo de por medio una tremenda pobreza económica a nivel mundial desde el año 2008 y comienzo de 2009.

En su libro (Ecuador: de Banana Republic a la No República) dice que “la verdadera estabilidad económica es lograr el máximo de crecimiento y empleo productivo sostenibles en el tiempo. Para ello se necesita el incremento de fuerzas productivas internas de acumulación y progreso, es decir, los llamados recursos productivos”. ¿Ocurrió esto en estos cinco años en el Ecuador?
En la economía ortodoxa los recursos productivos son tres: cantidad de trabajo humano, cantidad de capital físico -que no es un recurso, sino una consecuencia- y recursos naturales.
La historia del siglo XX se encargó de pulverizar esa teoría porque muchos de los países que tuvieron éxito no tenían ni recursos naturales, e insisto, el capital físico era una consecuencia de la acumulación, y tenían poco trabajo humano. ¿Cuáles son los países que tuvieron éxito en el siglo XX? Los que acarrearon más talento humano, calidad, ciencia y tecnología, pero eso no es suficiente. Tú puedes tener un gran talento humano, ciencia y tecnología, pero si no hay un proyecto común, todo el mundo halará para su lado.
Entonces, se requiere un proyecto común y una cultura de excelencia, me refiero sobre todo a capacidad y conocimiento, hacer las cosas bien, asumir responsabilidades; y estamos tratando de desarrollar talento humano, ciencia y tecnología, y un proyecto nacional.

Si hacemos un balance de esos recursos productivos en el Ecuador, ¿en qué nivel estamos?
Una revisión resumía que son siete los pilares del desarrollo -algo sobre lo que escribiré algún día-, pero creo que son tres los recursos deseables: es deseable tener capital físico, como consecuencia de la acumulación, porque no es que naciste con tractores, carreteras... Es deseable tener mucha gente en condición de trabajar, pero no es indispensable. Es deseable tener recursos naturales, aunque Alberto Acosta dice que es una maldición, lo que a mí me parece una barbaridad porque es como todas las cosas, las puedes utilizar bien o mal. Todo el mundo habla de que el turismo es el futuro del país; bueno, usted puede atraer más turismo, pero puede ser una maldición, ¿me explico? Todo puede ser malo o bueno, depende de cómo lo utilices. Creo que esas cosas a lo sumo son deseables, ¿pero cuáles son las bases para el desarrollo?: el conocimiento la ciencia y la tecnología, esa es la base del futuro.

¿Y cómo está el Ecuador en ese aspecto?
Hemos duplicado la inversión, pero no llegamos ni al 0,5 del PIB cuando la Unesco recomienda al menos el 1% del PIB. ¿Capital institucional? Se puede tener gran recurso humano pero si existe un igualitarismo a ultranza, si independientemente del sacrificio y el esfuerzo todos tienen la misma recompensa, jamás serviría; y el otro extremo, el exceso de individualismo mata a la sociedad. Entonces hay que tener la correcta conjunción entre potenciar las capacidades individuales sin destruir a la sociedad, ese es el desafío del socialismo del siglo XXI. La cultura es fundamental, porque hay culturas que te alientan y hay culturas que te condenan.
La clase media y popular están en mejores condiciones, es indiscutible, pero los ricos también están mucho mejor.

De ser así, ¿querría decir que la matriz estructural no ha cambiado mucho?
El modelo de acumulación no lo hemos podido cambiar drásticamente. Básicamente estamos haciendo mejor las cosas con el mismo modelo de acumulación, antes que cambiarlo, porque no es nuestro deseo perjudicar a los ricos, pero sí es nuestra intención tener una sociedad más justa y equitativa.
En todo caso, aquí nadie ha inventado el agua tibia, estamos aplicando todas las medidas, tal vez nos falta profundizar algunas para lograr una sociedad más equitativa, pero el que más tiene, más paga; es decir, hay un sistema tributario progresista en el que hemos avanzado muchísimo, porque con ese ingreso se financia la igualdad de oportunidades: educación, salud, etc.
Hemos mejorado en forma cuantitativa, pero aún nos falta en forma cualitativa, que no es fácil, depende del cambio cultural, y no es la labor de un Gobierno, sino de 14 millones de ecuatorianos. Como pasó ayer en el hospital Baca Ortiz, con los fondos rotativos. Le pregunto al administrador: ¿por qué han puesto fundas de basura en las ventanas y no compraron cortinas con los fondos rotativos? y me dice que “los fondos rotativos son solo para medicinas”. ¿En dónde está eso?, es solo un invento, para no hacer nada. Entonces se requiere un cambio cultural para haya realmente igualdad de oportunidades, calidad de la educación, acceso a salud, etc.
También hemos pasado del capital al trabajo. Se han eliminado muchas formas de explotación, como la tercerización, los contratos por horas y ha crecido la afiliación a la seguridad social. Hemos disminuido el desempleo mejorando la calidad de empleo, lo cual contradice toda receta neoliberal que mencioné antes.
Y hay algo que ha pasado desapercibido, la forma de repartición de utilidades, somos los únicos en América Latina. Decimos que el salario mínimo es eso, un mínimo, para evitar males mayores como el desempleo, pero no es justo. Un salario justo, por decir algo, sería unos 350 dólares, entonces nadie puede declarar utilidades hasta que el último de los trabajadores tenga ese salario digno. Es decir, una empresa, para sobrevivir, puede pagar el mínimo, pero no va a declarar utilidades hasta que todos hayan ganado el salario digno. Eso significa repartir el 100% de las utilidades hasta alcanzar ese salario, es un poderoso instrumento para lograr la equidad.
Todavía nos falta el cuarto elemento para lograr equidad, que es la democratización, la mejor distribución del acervo social. Todo estaba hecho para perjudicar a los más pobres. Ejemplo: las playas y bahías son del Estado, pero se concesionaron a los ricos para que pongan camaroneras y, en la isla Puná, ni siquiera contrataban a los lugareños.
La pesca de arrastre: 17 familias con barcos que tienen toda la pesca y los 20 mil pescadores artesanales se quedaban sin peces.
El acceso a la tierra: queremos garantizar no solo acervos públicos sino acervos privados, con acceso a la tierra, al agua y a la propiedad de las empresas, como hemos hecho con las empresas que estaban en manos del sector público, pero sin duda hace falta mucho más.

¿Qué le revela a usted, como Presidente y economista, el siguiente dato: en el 2000 había 42 bancos que manejaban 7.500 millones de dólares y en 2011, 20 bancos manejan entre 16 mil y 17 mil millones de dólares?
Eso es porque la economía ha crecido, y es bueno. No es saludable que haya tantos bancos pequeños o tres o cuatro bancos inmensos.

¿Cuál es la cantidad adecuada?
Eso depende de cada realidad, pero en principio, a ojo de buen cubero, que existan 42 bancos en una economía como la nuestra era una barbaridad, 20 es una cantidad razonable, y en buena hora que esos 20 manejan mayor nivel de recursos porque la economía ha crecido.
El sistema financiero es fundamental para la actividad económica, y no porque la maneja, sino porque encauza la riqueza generada por la sociedad. Su estrategia fundamental es captar ahorro y encauzarlo a la actividad productiva; el propósito es que lo haga de la forma más eficiente. (OP)

miércoles 28 de septiembre de 2011

Carta a Juan Pablo Bolaños

No te conocí. Y parece que te he visto toda la vida, como si hubiésemos compartido las aulas del Mejía, las calles del centro de Quito y hasta las cantinas que rodean a la Universidad Central. En tu mirada se dibuja la vida de quienes miran solo hacia adelante, buscando todos los futuros imaginables. Tu alegría contagiosa fue esa para saldar todas las tristezas. Y tu muerte el 30-S es una llaga que nos arde a todos.

Tu madre y hermano cuentan de tu vida como un pasaje eterno e interminable, cargado de locas intensidades, como un viaje eterno sin paradas. Ya eres para ellos y para nosotros un ser infinito. Sobrecoge tu pasión por la justicia. No me cabe la menor duda de que eras de aquellos que miran a los ojos cuando se comete la mínima injusticia. Y también de los que saben perdonar con menos de una mueca. Las últimas fotos que te tomaste y que ahora posan en la pared de tu dormitorio prueban una sencillez y ternura de caramelo. Desde tus pupilas se observa la pobreza que viviste y quisiste cambiar. ¿Por qué querías ser economista? ¿Qué había en ese sueño?

Detesto a quien te mató. Él sabe que te apuntó, quiso vengarse de su propia ingratitud con tu lucha. Apuntó para matarte porque le decías con tu mirada el horror que cometía. Por eso, en el acto más perverso e irracional, apretó el gatillo. Si es de aquellos gendarmes que sostienen sus verdades, debería entregarse para asumir su culpa, pero si es de esos otros que niegan todo y culpan de todo a los demás serán su conciencia y su corazón sus verdugos.

Aquí no caben las bendiciones ni las aguas benditas.

Cuando oía que te habían matado y que llevabas el nombre que siempre quise tener me dije: “¿Por qué no fui yo?”.

Vos tenías tantos libros por leer, decenas de caminatas por hacer, muchos enamoramientos por sufrir y gozar, demasiadas horas para el ensueño y la nostalgia. Tenías una vida por devolver. Cuando se asesina a un joven también mueren muchas esperanzas, pero sobre todo asesinan la sonrisa y algo de la alegría que buscamos cada amanecer.

Por eso me llega fuerte este poema de Borges, que seguramente leíste y ahora es posible cantarte de este modo: “No habrá sino recuerdos./Oh tardes merecidas por la pena,/noches esperanzadas de mirarte,/campos de mi camino, firmamento/que estoy viendo y perdiendo.../Definitiva como un mármol/entristecerá tu ausencia otras tardes”.

No tengo más que estas palabras amigo Juan Pablo Bolaños para saludarte con todas mis ausencias. Bienvenido seas a la vida que delegas a todos los que te debemos muchas luchas.

lunes 11 de julio de 2011

Orlando, el insurrecto

Por Juan Carlos Morales
(Publicado en el diario El Telégrafo, sábado 9 de julio 2011)

Orlando Pérez, en estos días, dice creer en los periodistas inquietos, insurrectos, traviesos, curiosos, lectores, rabiosos y en aquellos que silenciosamente nos enseñan a no ser mediocres y mucho menos ambiciosos. Es decir, añadiría, a no estar cosificados por el sistema a la espera de la medalla de 25 años de “buenos y leales servicios”, de las manos del patrono.
Cuando se piensa en estos asuntos inevitablemente surge la voz profunda de Ernesto Sabato: “Los personajes centrales de Anouilh son casi siempre muchachos que se aferran al amor absoluto y a la pureza; aun al precio de la muerte, se niegan a madurar, es decir, a relativizarse. El tiempo relativiza siempre, inevitablemente convierte lo puro en impuro, la ilusión en realidad. “Madurar” es envejecer, ensuciarse las manos, volverse sensato, aburguesarse, entrar en el juego de las conveniencias y de la razón; en suma, transformarse en un cochino”. Esto se lee en Heterodoxia, pag. 181, de sus Obras Completas, Seix Barral.
El escritor argentino, quien hace poco habría cumplido 100 años, nos habla del público-masa, ese conjunto de seres que han dejado de ser hombres para convertirse en objetos fabricados en serie. Hay muchas causas dice: “…la educación estandarizada, embutidos en fábricas, sacudidos diariamente al unísono por las noticias lanzadas por centrales electrónicas, pervertidos y cosificados por una manufactura de historietas y novelones radiales, de cromos periodísticos y de estatuillas de bazar”.
En este punto Sabato, quien escribió el texto en 1953, nos advertía de lo que ahora llamamos la mediación de los medios, para recordar a Jesús Martín Barbero. Basta encender la televisión tradicional para darnos cuenta de que mucha de la programación está hecha “para oficinistas, para chicas semianalfabetas y cursis”, según las palabras del maestro. Hay que decirlo: en un país donde únicamente el 1 por ciento de su población mayor de 18 años lee, la realidad –pero nunca la historia- está en los medios.
Como van a querer, me pregunto entonces, que existan medios públicos. Que existan otras miradas en horarios donde, en otros canales, nos construyen una realidad de balas y de raiting (“sinvergüenzas”, nos dicen, por no estar en la lógica del mercado). Porque ese también es el tema de discusión en el periodismo, traído a colación merced a Sabato: la búsqueda de esa otra verdad, más allá del vértigo noticioso que nos lleva a la desmemoria. Así que tranquilo Orlando Pérez, mientras existan periodistas insurrectos aparecerán sus nombres en hojas pagadas por quienes nunca escriben la historia.

jueves 7 de julio de 2011

En esto creo (II)

Creo en los periodistas, pero dudo de los medios. El tránsito por ellos puede ‘aniquilar’ al reportero y al cronista por excelencia. El periodismo es un oficio insurgente e irreverente, con sus normas y paradojas. Entre periodistas y medios hay una relación extraña y hasta promiscua: los segundos no pueden vivir sin los primeros, pero también detestan que la esencia del periodismo (la búsqueda de la verdad) no les sostenga económicamente y mucho menos les obligue a revisar sus códigos y moralidades. Los primeros sin los medios, aparentemente, no existen. Sin los medios los periodistas estamos descobijados, pero por suerte ahora tenemos otros soportes y registros para publicar. Los medios, muchas veces, desprecian a los verdaderos periodistas.
Así como creo que la curiosidad obliga a abrir los ojos y a tener un oído potente, garantiza estar callado y aprender de todo, los periodistas sin esa condición pasamos a ser otra cosa y cada día menos periodistas. Afecta y hasta duele la vista ver el título de periodista en personas que tienen una linda cara, nunca escriben, se disfrazan de tales para hacer política y no oyen, ni ven y menos aprenden y, para vergüenza pública, hablan a nombre de la sociedad. Los periodistas verdaderos no pasan por ese estándar, al que lo someten algunos medios, porque están encantados escribiendo y observando dónde revelar lo que todo el mundo quiere leer. Esos periodistas, casi siempre, llegan a viejos y sólo en esa condición son reconocidos.
En el mundo son pocos los medios creados sólo por periodistas y para hacer sólo periodismo. Por eso también creo que los periodistas somos algo inútiles para independizarnos de los medios tradicionales. A veces sentimos vergüenza de trabajar en algunos medios y seguimos ahí porque no tenemos dónde hacer periodismo. O sea: publicar, pensar, reflexionar y hasta provocar a todas las moralidades, poderes y estructuras caducas de pensamiento e interés económico. Y cuando más encantados de hacer periodismo nos hallamos no faltará quien nos censure, pero de esas tenemos que pasar muchas veces para asegurar que más allá de lo que los medios publiquen o no, la gente se informará de todos modos.
Creo en las y los periodistas inquietos, insurrectos, traviesos, curiosos, lectores, rabiosos y también en aquellos que silenciosamente nos enseñan de mil modos a no ser mediocres y mucho menos ambiciosos. Y ante todo creo en el periodista humilde, de humildad perenne, que en esencia transporta honestidad y sabiduría.

En esto creo (I)

El título es un plagio a Carlos Fuentes. Y asumo que también del sentido de las confesiones, con un solo objetivo: afirmar categóricamente al ser humano que, alimentado del segundo líquido amniótico (el deseo y la lectura), participa de la vida en sus dimensiones más íntimas e intensas. La primera de ellas, sin recelo alguno, es la curiosidad: esa búsqueda casi ciega de algo inexplicable en cada una de las cosas y vivencias. He vagado mucho montado en la curiosidad para descubrir que no siempre las verdades son una sanación y menos la explicación a lo que ves o te cuentan. Reivindico mi fe en la curiosidad y en su amable complemento: la sorpresa.
La curiosidad obliga a abrir los ojos y a tener un oído potente. Garantiza estar callado y aprender de todo. Permite que con el olfato las alertas lleguen antes que las noticias y los voceros no sean sino parlantes de nuestras intuiciones. Para ser curioso no hace falta mucha preparación ni estudios superiores, solo un ansia cotidiana de no quedarse conforme con nada. Y hay que leer demasiado, que es lo que todavía me falta. La lectura advierte y convoca a los malos y buenos pensamientos para mirar por encima de lo evidente. Aviva los sueños y fantasías, que son también materia prima de otras curiosidades. Por eso releo a curiosos tímidos como don Quijote, un tal Shakespeare, el honorable Hans Christian Andersen o al genio Jorge Luis Borges, el mayor curioso contemporáneo.
Claro, curioseando se aprende y también se desaprende. Poco a poco uno descubre que el amor y el deseo por otra persona es más que un instinto: es un acto curioso para reconocerse como diferente desde la intimidad y a la vez ser uno solo en el abrazo y en la cópula. Y también uno desaprende que del amor no hay que esperar mucho, tan sólo una enorme compañía para cuando la soledad es una obligación o una condición impuesta. Pero se aprende curioseando de las buenas personas que no te obligan a nada y con sólo estar y observarlas conoces cómo se es amigo, hermano, padre o hijo. O de aquella llamada inesperada, de alguien aparentemente tan poderoso, para darte un abrazo cuando más desolado te hallas.
Creo poderosamente en la curiosidad como ese camino estrecho y rodeado de árboles por donde se llega a todas partes y a ninguna también. Curioseando a diario es más fácil sentirse incómodo y rebelde ante ciertas injusticias y defectos propios. O sea, no es un sendero hacia ninguna felicidad. Y como curiosos plenos podemos, luego, hablar del periodismo y de toda clase de revoluciones.

jueves 2 de junio de 2011

UNA RESPUESTA A GUSTAVO ABAD SOBRE EL ROL DE LA PRENSA EN LA CONSULTA DE MAYO 2001

Estimado Gustavo

He dejado pasar unos días para responder a tu artículo, publicado en tu blog (http://rostroadusto.blogspot.com/2011/05/triunfalismo-oficial-versus-disidencia.html) bajo el título Triunfalismo oficial versus disidencia y reproducido por algunas redes, correos, afectos y desafectos con el cambio, la responsabilidad pública y la ética periodística.
El artículo parte de una premisa equivocada que espero la entiendas y la comprendas para dimensionar el sentido de un artículo y el uso que le dan quienes quieren poner en otra dimensión la realidad. Sé que no es tu propósito. Te conozco muchos años y se de tu honestidad intelectual y tu compromiso con un periodismo responsable. Hemos trabajado juntos y juntos hemos sentido lo que implica hacer un periódico, escribir para uno privado y el enorme reto que este momento implica construir uno público. Siempre serán bienvenidas tus observaciones y críticas.
Sin embargo, tu premisa de triunfalismo versus disidencia, de plano coloca las cosas en el mismo nivel que se critica del gobierno: la confrontación. Y con todo respeto te digo que esta Consulta, por fuera de las disputas de poder entre los ‘poderosos’ y el Gobierno, tuvo una alta dosis de ciudadanía si nos atenemos a los resultados: no hubo votos en plancha, hubo discernimiento y eso revela algo más que la simple confrontación. En esa disputa de confrontaciones es donde quieren colocar quienes no están de acuerdo con el proceso de cambio de este país, que no inicia con Rafael Correa, que él le imprime otro ritmo y contenidos, pero que viene de más atrás y ojalá se prolongue mucho más tiempo con nuevos elementos, contenidos, creaciones y correcciones, si es del caso.
¿No te parece oportuno partir de otras aristas para mirar las cosas en otra perspectiva? ¿No fue nuestro querido maestro Ryszard Kapuscinski quien nos enseñó a no quedarnos conformes con el lugar común para hacer un mejor periodismo? ¿Una opinión (con todo lo que de subjetiva y válida tiene) no debe también respaldarse en la realidad, en los hechos, en una mínima observancia en lo que ocurre más allá de las percepciones periodísticas y hasta políticas que envolvieron a esta Consulta?
Por ejemplo, cuando le preguntan a Kapuscinski cómo puede el periodismo cubrir guerra o conflictos sin alimentar los odios y rencores que los generaron, sabiamente responde que “eso depende de la conciencia y la responsabilidad de los medios. Si buscan soluciones humanas y positivas, deberían comprometerse a conocer profundamente los problemas y las razones de esas situaciones y nunca utilizar el idioma del odio que alimenta el conflicto armado”. El subrayado es mío y lo destaco para ponerlo en nuestro tema, en su contexto y sin configurar un alarmismo de ninguna clase. De modo que una opinión válida e influyente como la tuya debe adquirir esa premisa para que pueda soslayar cualquier duda de interés y menos de partidismo. Por eso quisiera analizar y hasta deconstruir tu artículo para, personalmente también, pensar de otro modo, para reflexionar mucho más responsablemente y no que utilicen nuestras ideas y críticas como parte de una plataforma instalada para regresar a otras épocas.
Para ir al grano, tu artículo afirma:
“Ecuador respalda masivamente las tesis de Correa” es el titular de El Telégrafo del 8 de mayo, día siguiente de la consulta popular. Y más abajo, con enormes letras amarillas sobre fondo negro: “62% SÍ. 38% NO”, como marcador electrónico en partido de básquet. El mensaje triunfalista del diario estatal se completa con una foto de media página del presidente Correa con el pulgar arriba en señal de triunfo.”
Afirmación que vista así, en su cruda descripción, a la luz de los hechos, no deja de ser cierta. Pero si la desmontamos para ir analizándola como un mensaje (con toda la carga de subjetividad) vamos a encontrar cosas que no reflejan la realidad sino que la colocan como un asunto fuera de la misma. Por ejemplo: decir que es un mensaje triunfalista se puede aceptar cuando las cifras dan para eso: 62% frente a 38%. Sí, ese fue un dato de la realidad que se dio hasta las 20:00 del sábado 7 de mayo. ¿No hubo otro? Sí, también lo dio Ecuavisa, a partir de las 19:00, donde el Sí triunfaba con el 57%, apenas 5 puntos menos que el señalado en tu artículo. ¿Por eso pecaron de triunfalistas Alfonso Espinoza de los Monteros y Teresa Arboleda? Si nos atenemos a esa ‘realidad’ también fue un marcador de básquet. Te puedo aceptar que la foto del presidente Rafael Correa con el pulgar en alto puede denotar cierta inclinación. Podría haber estado otra foto, más sobria y hasta simbólica. Lo cierto es que esa portada, cerrada a las 20:00 del sábado 7 de mayo de 2011, es la que informaba con datos de un exit poll que fue, de algún modo, legitimado con los datos de Cedatos, difundidos por Ecuavisa y también por los de Santiago Cuesta, de la firma SMS, que circularon por todas partes esa misma noche.
Pero me sorprende de sobremanera el siguiente párrafo de tu artículo, que ya coloca las cosas por fuera de la realidad, de esa que tú conoces y ahora pareces olvidar, pero sobre todo porque no tomas en cuenta lo ocurrido con otros diarios:
“El Telégrafo hace desde el lado oficial exactamente lo mismo que hacen los medios privados desde la oposición: proselitismo en lugar de periodismo. De otra manera no se explica que sustentara su afirmación en un “exit poll” de una firma contratada por el oficialismo sin prever que, pocas horas después, el conteo rápido del Consejo Nacional Electoral (CNE) proyectaría un apretado triunfo del SÍ sobre el NO por alrededor del 5%.”
Si te fijas en las portadas de TODOS los diarios, en su primera edición, la que circula en las ciudades por fuera de donde se imprime, TODAS esas portadas reprodujeron los datos del exit poll:

El Universo: “Correa gana la consulta”, Datos de la encuestadora oficial, en la TV incautada: Sí: 62%, No: 38%. (No dejo de sorprenderme del calificativo de encuestadora oficial, pero así titula el diario supuestamente de mayor circulación del país).
El Comercio: “Gana el Sí, dicen encuestas”. Y en un gráfico largo, en el costado derechos de la primera página, junto a una bella foto, se detallan los resultados, pregunta por pregunta, tal como lo difundió el exit poll.
Expreso: “Correa gana la Consulta”. Y al igual que El Comercio, pero quizá en un tamaño más visible, detalla los resultados, pregunta por pregunta, con los datos del exit poll. Dato interesante, a este titular le acompaña una enorme foto de Correa aplaudiendo. ¿Será que el Expreso se volvió correísta?
Hoy: “Si gana en 21 provincias, según los primeros datos”. Y a un costado, en un pastel enorme pone el siguiente dato: Sí 57%, No 43%.

Tú sabes cómo se hacen los diarios, has hecho diarios, conoces que hay una primera edición y una segunda cuando los hechos lo ameritan y también por un cierre que está presionado para que la distribución llegue a todo el país. ¿Te imaginas qué habrá pensado la gente que recibe el periódico en una población amazónica y mira el resultado, con las cifras del exit poll, en TODOS los periódicos que llegan allá? Seguramente habrá dicho: “El Comercio está loco”. “El Universo se equivocó”. “El HOY no pudo haber estado peor”. “Expreso no hace bien su trabajo”. “La Hora tergiversó los datos”. Ninguno de ellos habría afirmado, como tú sí lo haces: “Esos diarios hacen proselitismo a favor de Correa”. No lo habrían dudado en ningún instante que esos datos era tomados de una ‘realidad’ o de una fuente. Todos los diarios tomaron esos datos de una fuente que tenía credibilidad y daba muestras de solvencia. Lo mismo Cedatos, si lo quieres ver desde otro lado. Y también Santiago Cuesta.
¿Qué es eso de que fue una firma contratada por el oficialismo? ¿A qué aludes con oficialismo? ¿No te parece que decirlo así a más de ser un lugar común, una inexactitud, revela que no se tiene la información para respaldar tal aseveración? ¿No es lo mismo que hacen otros diarios y políticos cuando no distinguen la chicha de la limonada? Esa encuestadora estuvo contratada por dos canales incautados que funcionan como empresas privadas y que fueron autorizadas por el CNE para hacer el exit poll porque las demás no se presentaron. Dato importante: durante toda una semana se dijo que se escogió a dedo a esa empresa, pero el titular del CNE se pasó explicando que fue la única que se presentó. ¿Qué deduces de eso?
Y tú mismo debes caer en cuenta de tus afirmaciones para analizar hasta dónde la realidad es tan compleja. Afirmas que el El Telégrafo tituló así “sin prever que, pocas horas después, el conteo rápido del Consejo Nacional Electoral (CNE) proyectaría un apretado triunfo del SÍ sobre el NO por alrededor del 5%.” Subrayo el “pocas horas después” para que consideres el dato del tiempo. ¿Cuánto es pocas horas después? ¿Una? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cinco? Y aunque fuese una hay un elemento que aparece como importante: esas “horas después” todo el país supo que era otra la realidad de los resultados. Y a esas “horas después” los diarios, todos los diarios, ya estaban imprimiéndose, algunos, por su baja circulación ya tenía su primera edición en los carros de repartición, como me lo han confirmado personas que hacen esa labor. Todos los periódicos impresos antes de “esas pocas horas después” ya cerraron su primera edición. Incluido El Telégrafo, sin ningún afán proselitista, sin dejar de informar periodísticamente, como lo hicieron los demás, sobre la base de los datos de esa realidad que hasta “esas horas” es la que puso a todos los ecuatorianos a pensar qué pasó con mi voto, por qué la mayoría no votó como yo. Y a otros a resignarse al poderoso influjo que tiene aún Correa sobre el electorado.
No voy a detallar lo que pasó en el twitter, pero sí fue un síntoma de que el golpe había sido duro para la oposición, con esos datos. Y la euforia en el “oficialismo” fue increíble. Te confieso que algunos “oficialistas” no salíamos del impacto y revisando las cifras de las encuestas de los días previos parecía poco creíble el resultado y mucho más cuando se conocía que en algunas provincias se perdía. Y eso lo sabían en País y en otras esferas. De hecho, una dirigente de País, con cargo de ministra, me comentó: “No puede ser lo que estoy viendo, los datos me dicen otra cosa. Por ejemplo, estoy segura que perdemos en Carchi”. Y me lo dijo a las 19:00 de ese sábado, vía mensaje de celular, que lo tengo guardado como recuerdo. De hecho, frente a tal duda consulté con algunas personas que hacían control electoral del Movimiento País, en las provincias, alrededor de las 22:00, cuando ya estaba impresa la primera y única edición de El Telégrafo. Esas personas, me confirmaron lo que se supo “horas después”: la Consulta se perdía en Carchi, Tungurahua, Loja, Bolívar, Cañar, Chimborazo, Cotopaxi y en todas las provincias amazónicas.
Y por esa falta de prudencia e información, contextualización y hasta toma de partido puedes afirmar lo siguiente:
“El papelón del que en otro momento fue un buen proyecto de diario público remarca el alineamiento y la militancia de algunos de sus jefes con el movimiento oficialista. Pero lo realmente lamentable de este tipo de titulares celebratorios, más cercanos al adulo que a la información, es que le niegan a la población mensajes periodísticamente más honestos y políticamente más útiles.”
¿Papelón? ¿Con todo lo que dije anteriormente puedes afirmar categóricamente que el papelón sólo fue del que fue “buen proyecto de diario público”? Sospecho que ahí se pierde toda supuesta objetividad y se cae en los terrenos de la confrontación, ya no de carácter político, sino del proyecto periodístico de diario público que sigue siendo El Telégrafo. Y me siento aludido porque yo abiertamente milito y sé lo que implica eso. Pero no me parece justo decir que “sus jefes” porque te puedo asegurar que ninguno de nuestros jefes, digo en el diario, tienen esa militancia y alineamiento. Yo me responsabilizo por lo que escribo con mi nombre y apellido, pero también sé los límites de mi militancia en el diario, por lo que he perdido batallas a su interior por la militancia política de mis colegas sobre el sentido de cada una de las informaciones y también he ganado otras desde el periodismo, a pesar de mi militancia, para que no caiga nadie en proselitismos ni en mentiras con la información y en las páginas que son para todos los lectores y no para los militantes de País. No te hubiese costado nada poner mi nombre. Así hubieses sido más objetivo, porque tú sabes quiénes trabajan en el diario, dialogas con algunos de ellos y sabes que siendo jefes no son militantes. No me dolería ser nombrado, me duele que se asuma eso como una generalización, que es la que se critica al Gobierno y a sus voceros. Lastima leer un mensaje ‘cifrado’ contra mí o por mí. Eso lo recibo con toda la capacidad de autocrítica que la asumo desde que tomé partido, posición, por algo en lo que creo y no desde una pureza periodística que no la encuentro por ninguna parte. De lo cual, de esa falsa pureza, hablaré en otro momento y quizá en estas mismas páginas.
Después de revisar las primeras ediciones de todos los periódicos, ¿estás seguro de esta afirmación?: “este tipo de titulares celebratorios, más cercanos al adulo que a la información, es que le niegan a la población mensajes periodísticamente más honestos y políticamente más útiles”. ¿Con esta frase estás señalando una crítica a todos los periódicos? No, porque te falta un dato de la realidad: TODOS los periódicos titularon con esas cifras y por lo mismo ninguno aceptaría que les endilgues adjetivos como celebratorios, adulo, honestidad, etc. Con este párrafo además señalas una crítica colectiva: toda la prensa negó a la población mensajes periodísticos honestos y POLÍTICAMENTE MÁS ÚTILES. ¿Cuál es el mensaje político más útil que dieron los demás y que debió dar El Telégrafo? ¿Estás seguro y convencido que los periódicos están en la obligación de dar mensajes “políticamente más útiles”? Ahora, si entiendes la política como servicio y responsabilidad pública lo acepto, pero en el contexto creo que no se entiende adecuadamente y se presta para la confusión hasta ‘ideológica’. Y es por eso que el periodismo se debe exigir así mismo mayor precisión y te convoco a que lo hagas en este artículo.
Afirmo lo anterior porque el siguiente párrafo de tu artículo es por demás ajeno sobre lo que ocurre en El Telégrafo y bien sabes que ese es el mal de los privados donde hemos laborado tú y yo:
“De todas maneras, el proselitismo de los medios estatales a favor de un jefe, y el de los medios privados a favor de un dueño, resultan a estas alturas apenas otro asunto molestoso y cotidiano, como el mal aliento. Mejor pasemos a otro nivel de análisis, pues los resultados de la consulta permiten una lectura en términos de comunicación política, es decir, del efecto de las acciones y de los mensajes en la vida democrática”.
Me parece que tu lectura de El Telégrafo se reduce a la primera página y por eso no puedes tener un criterio más amplio. Supongo que siendo autocríticos te podría ayudar a mirar, por ejemplo, el ‘proselitismo’ que a ratos encuentro en las páginas de El Telégrafo a favor de los equipos de fútbol de Guayaquil. Y no dudo en hacer pública mi crítica cuando miro que las pérdidas de Barcelona son titulares aunque ocupe un lugar bien abajo en la tabla de posiciones. Igual si Emelec, que va puntero, y pierde se convierte en la noticia de página entera.
Y con ello, observo que tu lectura del proselitismo no ve las crónicas, reportajes, notas y hasta titulares que no son para nada proselitista CON NINGÚN JEFE. Huelo, así como el mal aliento, que de todo el cuerpo del diario solo observas o hueles lo que te molesta y tienes toda la razón, pero esa molestia no puede ser sana ni válida si por eso generalizas a partir de un dato falso, como he tratado de demostrar en estas líneas.
Y, claro, como ya lanzaste la bofetada, ahora puedes decir, con comodidad, subestimando a quienes te leen: “Mejor pasemos a otro nivel de análisis”. ¿Eso quiere decir que hay otro más alto y ese es el de la comunicación política? ¿La comunicación política tiene otro nivel de análisis y por lo tanto lo que venías analizando ya no tiene importancia? ¿Subestimas o te subestimas? Ibas muy bien por esa línea y de un brinco saltas a otro nivel de análisis y señalas que “los resultados de la consulta permiten una lectura en términos de comunicación política, es decir, del efecto de las acciones y de los mensajes en la vida democrática”. Esos resultados te dan a pensar en términos de comunicación política y no brindas ni un solo elemento que calce en ese terreno.
Sobreentiendo que la Comunicación Política está más allá o hasta por encima del periodismo, que corresponde a la esfera de la gestión de los actores políticos y no de los medios de comunicación necesariamente. ¿Verdad? Si estamos de acuerdo en eso, ¿por qué ligas el un tema a lo otro? Puedo estar equivocado, pero esos resultados, si los ves a la luz de los hechos, tendrían una lectura desde la comunicación política y sobre ese terreno habría mucho que cosechar para analizar qué pasó en el país, en sus actores políticos, en los medios de comunicación (algunos, no me lo vas a negar, que son más actores políticos que los partidos, pues hasta pidieron ese reconocimiento al CNE para hacer campaña), en las organizaciones sociales, en los movimientos de izquierda, en las élites. Y eso precisamente es lo que necesitamos para entendernos mejor: análisis profundos para reflexionar mejor y eso espero de vos, como pana y periodista.
Lamentablemente el párrafo siguiente no aborda ni enriquece tu afirmación de que podamos entender. Leámoslo:
“Lo primero que salta a la vista es una considerable pérdida del capital político del gobierno y del presidente Correa. Al mismo tiempo, es notable el incremento de las posiciones críticas que, en este caso, no necesariamente corresponden a la oposición, ni a los medios privados, ni a la derecha tradicional. Todo lo contrario, el alto nivel de votación negativa (las proyecciones hablan de un 45%) provienen de una corriente disidente de las mismas fuerzas que ayudaron a plantear hace casi cinco años el proyecto de la revolución ciudadana”.
Yo me pregunto, como periodista, hasta dónde esta afirmación se respalda en unos datos y una muestra que coadyuve a su confirmación. Tienes razón que hay un incremento de las posiciones críticas, pero te preguntaría si esas posiciones críticas se revelan ahora o ya estuvieron adentro y también votaron por el mismo proyecto siendo críticas. El alto nivel de votación negativa que llegaría al promedio de 45%, te cuento, es casi igual a la votación que recibieron Álvaro Noboa, Lucio Gutiérrez y Martha Roldós en la elección presidencial del 2009. Por tanto, si me atengo a las cifras, que vos usas y de las cuales partes para tu análisis, ¿dónde creció la posición crítica? ¿No habrá una pérdida de Lucio y Noboa? No sé, por lo pronto no hay algo que muestre con absoluta precisión que esa tendencia es crítica a favor del No. Yo creo que sí, pero ojo: yo creo. No afirmo con base a datos, es mi subjetividad. Y te diría que la votación indígena fue importante pero no determinante. Yo sospecho que en las clases medias hay un desencanto o una posición más crítica y deliberante sobre varios temas como la justicia, la comunicación, los casinos, toros, seguridad social, etc. Me parece que los resultados, aún tienen mucha tela que cortar y por demás está esperar un poquito para aventurar unas hipótesis y con datos definitivos arribar a unas teorías. Pero ahí volvemos al rol de la prensa: ¿sobre qué datos podemos establecer criterios definitivos?
Por eso, con todo el afecto del mundo, te recomiendo releer tu siguiente párrafo, en el artículo que analizo:
“Esto significa que la tendencia gubernamental de ganar las batallas electorales de manera arrolladora se ha eclipsado. En las seis jornadas electorales anteriores, las tesis del oficialismo ganaron por márgenes de alrededor del 40% ¿De dónde proviene ese 25 a 30 por ciento que pudo votar por el SÍ pero esta vez escogió el NO? Con toda certeza no proviene de los cadáveres políticos de la llamada partidocracia, tampoco del periodismo proselitista de los medios tradicionales. Que no se crean ganadores los que nada han hecho para mejorar la cultura política de este país. Que los Gutiérrez, Hurtado, Vera, Páez, Montúfar no se emocionen porque no han ganado nada. Es Correa el que ha perdido”.
Vamos por partes para reflexionar si en verdad Correa es el que ha perdido esta vez:
1.- En las seis jornadas electorales no se tocaron estos temas que la Consulta de este mayo de 2011 tuvo.
2.- En la primera Consulta, en abril de 2007, para convocar a una Asamblea Constituyente hasta los sectores de derecha pudieron votar no en la esperanza de que en Montecristi pudieran trastocar el sendero abierto con el triunfo del Movimiento País, en noviembre de 2006. Ahí se ganó con el 82%, quizá con los votos de la RED, PSC, Concertación Democrática y otros más a los que ahora los colocas por fuera de la corriente de cambio y sí en la de crítica al Gobierno.
3.- En la segunda Consulta, en septiembre de 2008, se aprobó la Constitución y por ella deben haber votado no solo los “correístas” sino muchos sectores. El resultado fue de 64% a favor de la Constitución. Por tanto no fue un triunfo de Correa, con lo que pesa decirlo así par seguir en tu línea de análisis. Yo creo que ganó el Ecuador, con un trabajo de mucha gente y con las ideas, por fin, de tantas corrientes de pensamiento, alrededor de una Constitución posible para un Ecuador imposible.
4.- En la elección presidencial Correa ganó con el 52% y no fue igual en algunas provincias para asambleístas y tampoco para alcaldes. Jaime Nebot ganó de largo en Guayaquil. Por lo mismo ese proceso electoral no se puede reducir a que fue un triunfo de Correa, aunque él haya ganado en primera vuelta y sea inédito ese triunfo. El Movimiento País no obtuvo el mismo número de asambleístas como para Montecristi, tanto que no tuvo ni siquiera mayoría absoluta: 45,7% del total de legisladores electos. De 224 alcaldías obtuvo 70 y de las prefecturas apenas si ganó en 7.
Con estos datos, ¿quién perdió esta vez? ¿Por dónde podemos mirar las cosas para llegar a conclusiones tan prontas y desatinadas?
Y claro que podemos coincidir en que Andrés Páez, César Montúfar, Lucio Gutiérrez, Jamie Nebot y mucho menos Osvaldo Hurtado se pueden atribuir el “éxito” de este resultado. Eso sí tendríamos que ponerlo en blanco y negro, pero no para denostarlos sino para reconocer que esos “cadáveres políticos” no pesan en la corriente que el país escogió para dejar el pasado atrás y construir una sociedad más democrática. Pero también es cierto que no hay una lectura de por qué no ganó el No. Y cómo en esa pérdida, real y con datos comprobados, no influyeron ya los sectores tradicionales de la derecha ni del propio gutierrismo, que va perdiendo terreno e hipoteca al electorado que lo siguió. Sin descontar las campaña mentirosas sobre lo que vendría después de la Consulta: elevación de los precios, riesgos para la propiedad privada, pérdida de libertades, usurpación estatal de bienes, etc.
Por eso es digno de todo análisis tu siguiente párrafo donde dejas entrever que hay unas ideas por desarrollar y sospecho que no las sopesaste con tiempo y calma para darle más profundidad:
“Más bien hay que pensar en las causas de ese alto nivel de disidencia de quienes alguna vez creyeron en el proyecto de la revolución ciudadana y ahora no pueden avalar un modo autista de ejercer el poder. La elevada opción por el NO deja en claro que el déficit de comunicación política del gobierno comienza a pasarle factura y que el ejercicio crítico de la población se manifiesta más allá de las refriegas cotidianas. La tesis gobiernista de que “el que no está conmigo está en mi contra” comienza a demostrar su falacia. Disparar contra los del mismo bando y denigrar a los aliados naturales tiene efectos devastadores.”
Tú lo has dicho: “hay que pensar en las causas de ese alto nivel de disidencia”. Primero que nada no sé si es cierto que hay un alto nivel de disidencia. Si fuese tan alto estoy seguro que el No ganaba. Es más: ese alto nivel de disidencia habría sido sentido en el propio gobierno por la incapacidad de responder a la campaña agresiva de los del No, pero en la práctica, con el dolor que cuesta decir esto, se fueron muchos valiosos compañeros, pero no se fueron montones de compañeros. Lamento como el que más la salida de Alberto Acosta, Gustavo Larrea, Ruptura de los 25. No lo voy a negar. Con ellos tengo más historia común que con algunos del Gobierno, pero no dejo de reconocer que esta vez se equivocan y si quieres puedo yo ser el equivocado, pero será la historia la que nos juzgue por nuestras decisiones. Y por eso no los voy a cuestionar ni a descalificar.
Cuando hablas de déficit de comunicación política estoy sobreentendiendo que no hay un verdadero diálogo. Si es así, podemos entonces entrar a polemizar con más argumentos. Ante todo, la comunicación política no es publicidad ni propaganda. ¿De acuerdo? Por lo tanto, la comunicación política es un conjunto de acciones y herramientas para difundir y dialogar con la sociedad. Pero si vamos por esa vía quizá hay mucha comunicación política, pero no sé si necesariamente es de la mejor o la óptima para un tema tan complejo como el de la Consulta.
Podría aventurar a decirte que la misma Consulta ya fue un factor de preocupación porque no motivaba ninguna movilización, era antipática en los mejores términos, pues no convocaba ni sacudía las sensibilidades de la mayoría de los ecuatorianos. Y con eso, te puedo asegurar que los resultados también muestran otra cara de la medalla, que ojalá se sostenga y sea significativamente la prueba de una mayor politización de la gente y quizá una mejor ciudadanización de la política. Esto que suena rimbombante se expresa en cada una de las preguntas: en ninguna hubo unanimidad, lo puedes comprobar con los datos del resultado oficial. Y con todo diría que todavía nos faltan elementos de análisis y empíricos para llegar a conclusiones tan determinantes, las mías y las tuyas.
Y por eso creo que tu siguiente párrafo agarra a la lechuga por las hojas y deja fuera el tronco que sostiene a las hojas. Leámoslo:
“Recordemos un caso reciente. Cuando el ecologista Luis Corral, en medio de un acto político en el coliseo de Zamora, exige al presidente Correa respuestas acerca de los proyectos mineros en esa zona, la reacción del mandatario es tremebunda. En lugar de ofrecer respuestas, decide arengar a los asistentes y construir una atmósfera emocional y violenta en contra del ecologista. Predispone a todo el coliseo y manda a todo su aparataje de seguridad en contra de una sola persona. Corral termina expulsado y golpeado por los simpatizantes de un mandatario que afirma reconocer los derechos de la naturaleza. Esa falta de generosidad y de compasión con el otro en el ejercicio del poder es lo que realmente asusta.”
Ese caso reciente que mencionas no es un hecho fortuito y el personaje señalado tampoco es de poca trayectoria ni de ninguna inocencia política. Te cuento que en agosto del año 2010, en la Cumbre Amazónica, realizada por todos los prefectos de esa región, el señor Luis Corral se acercó a mí en calidad de periodista, a entrevistarme en mi condición de viceministro de Pueblos, Movimientos Sociales y Participación Ciudadana. Identificado como tal accedí a la entrevista, en la afueras del coliseo de Macas. Con grabadora en mano comenzó a hablar de la Cumbre y en la tercera pregunta me incriminó por no hacer nada contra la minería. Me sorprendió. No atinaba qué decirle porque lo uno no tenía que ver con lo otro. Como vos sabes nunca usé seguridad ni escolta ni nada de esas cosas, por lo que me sentía cómodo hablando pero llegó un momento en que ya me sentía agredido, amenazado y hasta intimidado. Le pedí que de eso habláramos en otro momento y se portó más agresivo. Me quise retirar y obtuve como respuesta insultos y agravios que aquí no los voy a mencionar.
¿Te explica en algo esto que te cuento? ¿Sacas alguna conclusión? No te olvides que además comentas desde lo que la prensa privada ha mostrado de ese lamentable hecho, pero no de lo que en conjunto ocurrió allí. Nunca fue detenido, jamás fue agredido por la gente que estaba ahí, eso sí fue retirado por la Policía. Entonces, ¿por qué tomar ese caso de modo significativo para sacar conclusiones políticas del manejo de la comunicación y hasta de los resultados? No te voy a negar que ese hecho pudo afectar en los resultados, pero no sé cuánto ni cómo se interrelaciona con tus conclusiones.
Pues relee lo que dices después:
“Lo ocurrido en Zamora es parte de una cadena de acciones y mensajes que minan el capital político de un líder que algún día ofreció cambios profundos en esta sociedad necesitada de ellos. Pero no de esa manera. Descalificación de las voces disidentes (Alberto Acosta y decenas de pensadores de alto nivel, excluidos del proyecto por pensar distinto); criminalización de la protesta social (cerca de doscientos dirigentes indígenas enjuiciados por terrorismo); aniquilamiento del proyecto de medios públicos (subsumidos por el aparato de propaganda oficial); adelanto de trabajos para la explotación petrolera en el Yasuní (el proyecto de mantener el petróleo en tierra cada vez es más lejano) solo para mencionar los casos más evidentes, donde el discurso de cambio queda anulado por las acciones y los mensajes políticos.”
Si fuésemos más estrictos diríamos que esa “cadena de acciones” ocurren en un escenario de confrontación política y no de una armonía social. Pero esa cadena ¿contrapone al líder que “ofreció cambios profundos”? ¿Te parece poco lo que ha pasado en este país en cuatro años? ¿La Constitución no es ya de sí un cambio profundo? ¿Lo realizado por el Vicepresidente de la República con la gente con discapacidad no es una transformación en las políticas públicas de inclusión? Y no menciono más porque me dirás que estoy haciendo propaganda, pero sí te afirmo con absoluta solvencia que la historia sabrá medir el alcance de las transformaciones, no de un líder, sino de un proceso con un líder y con una sociedad que han estado luchando por esto muchos años.
Yo creo que todavía no hay una historia verdadera de las “verdaderas” razones de lo que vos llamas exclusión de algunos dirigentes. Te invitaría a revisar algunos documentos y entrevistas de la salida de Alberto Acosta para que categóricamente afirmes que fue excluido. Sospecho que ese tema todavía no está del todo bien contado. Aquí no hay víctimas ni victimarios. Quiero estar seguro de afirmar que en los procesos políticos hay responsables de hacer y de dejar pasar. Pero si seguimos personalizando los temas alrededor de ciertos personajes entonces la historia seguirá siendo contada como anécdotas y no como procesos complejos y complicados.
Como periodista deberías dudar de que existan decenas de juicios y enjuiciados por la protesta social. ¿Incluyes ahí al señor Marcelo Rivera? ¿Eso fue protesta social? Pues deberías saber que en esas listas de la criminalización de la protesta social está Rivera. Claro y hasta hay solicitudes de amnistía para él. ¿Sabes cuántos de esos procesos han terminado en prisión y si son todos por terrorismo? Es discutible, por cierto, que la acusación por terrorismo. Yo mismo estoy en contra que sea así, pero no generalices: los 200 procesos que hablas no son por terrorismo. Volvemos de nuevo al tema de la precisión y de la generalización. Tengo a mi mano la lista completa de los casos, la mayoría que no han pasado de indagación fiscal, o sea que no son juicios ni hay procesos, sólo hay denuncias. Oportunamente habrá que publicar para acabar con ese lugar común y tengamos mejor información sobre el tema.
Y para qué vamos a entrar en la parte final del párrafo en mención cuando nombras el tema Yasuní. De verdad que ahí más pesan las voces de los ecologistas que la investigación periodística. ¿Me puedes dar pruebas, datos, referencias y hasta documentos de que efectivamente está ocurriendo lo que dices en el Yasuní? ¿Vos crees que si eso fuese así no estaríamos ya con un buen caudal de petróleo financiando la obra pública y resolviendo otros problemas? Porque no creo que dudes que la plata que se obtuviese de esa explotación se vaya a los bolsillos particulares. Si hay una fuente de dinero y este gobierno la tiene a la mano, ¿por qué no la usa? Lástima que vamos redactando la historia desde supuestos y rumores, por eso les pido siempre a los defensores de la ecología que hablen con pruebas, Martha Roldós no las pone sobre el tapete sino que repite lo que dicen algunos activistas. Y por cierto, hemos hecho del Yasuní una bandera contra este gobierno cuando en la práctica es el mismo que desarrolla la tesis y toda la operación para que no se lo explote. No caben en eso congruencias ni autocríticas, sólo objetividad para el análisis y poner las cosas en su justo lugar.
En esa lógica, la que desarrollas con tu artículo, claro que se pueden llegar a conclusiones que distorsionan toda la realidad. La responsabilidad que demandas del Gobierno no debe ser ajena a tu propia reflexión y colocar, desde los datos, las objeciones más válidas.
Cuando, en la última línea de tu artículo, afirmas: “El castigo en las urnas no es oposición tradicional sino disidencia crítica”, te sometes a tu propia equivocación, con todo el respeto del mundo. Primero porque no sé por dónde hay un castigo. En términos judeo cristianos eso implica que hay una culpa que ha sido castigada, sancionada y por la cual hay que atisbar una redención en algún momento. No creo que hubo un castigo si los resultados, ya oficiales, dicen que el Sí ganó en las 10 preguntas, aunque con un margen de diferencia menor al del exit poll, motivo de la parte inicial de tu artículo.
La disidencia crítica, por lo general, es y ocurre desde adentro. Lo más valioso, si existe de verdad disidencia y disidencia crítica, es que ocurra en los espacios y en los escenarios de la misma organización, en este caso de Gobierno y de movimiento de Gobierno. Esa disidencia, si me acojo a tu criterio, ¿debería volver a votar por Correa en unas elecciones presidenciales? ¿O ya debería pensar en otra candidatura, en otro proyecto, en otro modelo, en otra opción, en una alternativa política distinta? ¿Cómo se llamaría? ¿Qué programa política debería enarbolar? ¿Sería para defender la misma Constitución? ¿Y no es que esa disidencia crítica estuvo en contra de las cosas que “Correa puso” en la Constitución y que no fueron aprobadas por el consenso de País?
Te pongo estas preguntas para que veas que el tema es más complejo que decir que hay un castigo y que todo ha vuelto a cero. Te puedo asegurar que este proceso, con Correa o sin él, con Montecristi vive o sin él, con la disidencia crítica, en la cual supongo te incluyes, va a seguir, con frenos, altos y bajos, sí, pero no volverá a ser propiedad de la derecha. Este pueblo optó por un camino distinto y se conduce por el derrotero del cambio. Aunque suene a panfleto, esa es la realidad que me comprometo a describir, esos son los sueños por los que voy a luchar, desde el periodismo, como ciudadano y como militante de ese proceso.
Finalmente, como periodista te puedo asegurar que estamos comprometidos, vos y yo, para hacer un buen periodismo, pero difícilmente lo vamos a hacer si no lo hacemos. O sea. ¿cómo hacemos buen periodismo sino lo ejercemos?

miércoles 4 de mayo de 2011

El debate sobre la tolerancia, que desató 43 comentarios

Orlando Pérez
Calle 13, la izquierda bacana
http://eltelegrafo.com.ec/index.php?option=com_zoo&task=item&item_id=2199&Itemid=29
eltelegrafo.com.ec

Roberto Aguilar Andrade ‎"Aquí se respeta o se te espeta". Muy buena para decírsela al cretino que te mete preso cuando le muestras el dedo.
25 de abril a las 9:56 · Me gusta

Ecuador Para Largo O para decírsela al cretino que te muestra el dedo... ¿no?
25 de abril a las 10:37 · Me gusta

Roberto Aguilar Andrade depende, ¿quién tiene el poder? digo yo, ¿no es al poder al que calle 13 muestra el dedo?
25 de abril a las 10:44 · Me gusta · 1 persona

Manolo Sarmiento El calibre 100 x 35 se refiere a las dimensiones de la isla de Puerto Rico, de 100 millas por 35 millas.
25 de abril a las 11:28 · Me gusta

Manolo Sarmiento Mostrar el dedo a la autoridad es portarse mal, como manda Calle 13. Meter preso al que muestra el dedo es un gesto autoritario en el mundo entero con la salvedad de algunas aulas de la flacso donde se lo interpreta de otro modo.
25 de abril a las 11:30 · Me gusta · 3 personas

Ecuador Para Largo No sé si ese dedo es de alguien que se “porta mal” o simplemente de alguien que se porta como siempre se ha portado: con prepotencia. ¿Quién tiene el poder? digo yo… Porque el poder no es sólo político…
25 de abril a las 12:11 · Me gusta

Ecuador Para Largo Y estoy de acuerdo en que es un acto de autoritarismo meter preso a quien muestra el dedo, eso no está en duda… pero, dada la correlación de poderes en este país, no me parece tan simple distinguir entre quien se “porta mal” con la autoridad y quien es “prepotente” con toda la sociedad (autoridad incluida) por tradición y porque jamás se ha preguntado si tiene o no tiene el poder... porque evidentemente lo ha tenido… y por mucho tiempo.
25 de abril a las 12:12 · Me gusta

Ecuador Para Largo Quienes han ejercido todos los poderes en un país durante mucho tiempo (el poder político, económico, judicial, social, cultural, etc, etc, etc) se sienten con derecho a mostrarle el dedo a toda la sociedad… no sólo a “la autoridad”.
25 de abril a las 12:14 · Me gusta · 2 personas

Valeria Coronel ya leyendo mejor...me gusta lo que dice Tania, hay quienes le muestran el dedo a toda la sociedad, y por otro lado la autoridad no esta constituida tan plenamente como lo quisieran ver los lectores de foucault, la trampa de esta sociedad esta en la informalidad de la autoridad, y la debilidad de las instituciones. Eso no quiere decir que consolidar las instituciones es algo que se pueda hacer a la fuerza.
25 de abril a las 12:29 · Me gusta · 1 persona

Orlando Pérez Cuando vas en el carro y sometes a la crítica a otro chofer éste te saca el dedo, lo hace como rechazo, bronca, violencia, etc. Ese mismo personaje, bajado del carro es otro, aparenta formalidad y hasta una supuesta buena educación. En el auto, encerrado, como lo hizo Irma Parra, se cree inmune a la crítica y, como en este caso, a la demanda judicial. Osea: ese dedo, todos los dedos, deben ser exhibidos para cuestionar y debe asumirse como tal. El poder no puede someter a nadie por exhibir el dedo, Irma no sólo exhibió un dedo, profirió unas frases también. El tema es más complejo. Reducirlo a una expresión de libertad de expresión tampoco ayuda a entender la complejidad del tema.
25 de abril a las 16:38 · Me gusta

Orlando Pérez Más cautos otros, no exhiben dedos ni nada, sólo violentan la sociedad con su cinismo e hipocresía. Los bancos nos hicieron dedo, Nebot metió un manotazo a un juez, los choferes nos hacen dedazo con su trato al usuario, etc. Apoyo hacer dedo no sólo al poder político, hagamos dedo a los intolerantes y también a los que mienten, a los que señalan con su ignorancia un futuro que está sólo en sus cabezas y no reaccionan a la realidad del presente. No? Yo digo SI. jajaja
25 de abril a las 16:39 · Me gusta · 1 persona

Manolo Sarmiento El comentario de Valeria no lo vamos a tomar en cuenta mientras no cite sus fuentes.
25 de abril a las 18:14 · Me gusta

Valeria Coronel jajaja
25 de abril a las 18:15 · Me gusta

Valeria Coronel siempre puedes decir: la flacso dijo e ironizar y te salvas Manolo de citar las fuentes
25 de abril a las 18:17 · Me gusta

Manolo Sarmiento La señora Parra expresó su ira, odio, rencor, frustración, asco, contra el jefe del estado del país en el que ella vive. Creo que tiene derecho a hacerlo independientemente de si pertenece o no a la élite económica o al cualquier otra élite nacional o local habida o por haber.
25 de abril a las 18:24 · Me gusta

Diego Silva Calle 13 no es solo rebeldía tambièn es propuesta que le apunta a la educación, a la integración, a la solidaridad, ahi están Latinoamérica, El Hormiguero, los e Atrás Vienen Conmigo, Pa`Norte...
25 de abril a las 21:55 · Me gusta

Paco Salazar Que desastre llegar tan tarde a este divertido chat... Mi pregunta es un poco mas simple: ¿Que hubiese sucedido si Calle 13 llegaba en flota, pasaba la frontera a pata, y hacía un concierto sin auspicios de nadie en la casa comunal de El Calzado? Muy posiblemente no hubiese existido tanta tolerancia. Con 700 mil dólares del Min Cultura y en época de campaña es como evidente encontrar escondida la estrategia desde el poder, de querer apropiarse de la rebeldía y de la transgresión de la nueva izquierda. Estrategias de la izquierda rancia, para pasar por nueva.
25 de abril a las 22:20 · Me gusta · 5 personas

Jorge Luis Serrano Salgado Volviendo al primer comentario de esta cadena: un poco extremo el calificativo de Roberto Aguilar. Hasta sorprende. Pero en realidad uno interpreta que desde ahí hay que leer sus artículos sobre el gobierno, escritos muchos sobre “el cretino” que nos gobierna según él. La fina ironía y el cuidado sarcasmo de su escritura, como cultor del lenguaje que es, muy bueno por cierto, se disuelven en la bilis del epiteto. Desde ahí escribe, se entiende, en el gesto hecho en confianza en el facebook, cuando no ejerce de periodista de El Expreso (diario cuyo síndrome es creerse el Washington Post del Ecuador y que cuenta en sus filas con Bob Woodward y Carl Bernstein rencauchados) sino de amigo entre amigos de la red social. (A propósito de Granasa me pregunto ¿qué le ha hecho y le hace más daño al Ecuador: el vocabulario del Presidente o los 200.000 ejemplares diarios de la crónica roja más denigrante?)

El insulto. Se dice que es lo que tiene dividido al Ecuador. Pero está en la punta de la lengua al parecer no solo del Presidente. Hay que subrayar, por eso, un hecho que a estas alturas podría y debería ser el origen de todo debate: para muchos el peor pecado de Rafael Correa no es insultar. No. Es no insultar con elegancia. Es su estilo directo el que resulta chocante. Eso es otra cosa.

A él habría que reconocerle su veta popular, natural, pero es que resulta un detalle inaceptable para la histérica pequeña burguesía ecuatoriana. A esta le encanta evocar, entre copa y copa de los asados de fin de semana, el fino estilo presidencial, al igual que se haría con Carlos Julio Arosemena, por ejemplo, a quien pocos recuerdan por ineficiente, pero muchos, la mayoría, por su inigualable estilo para insultar, especialmente cuando estaba borracho y más aun cuando lo estaba en Carondelet. Es que el cinismo colectivo ha hecho que esa cualidad sea realmente más importante que ser un buen o mal administrador de fondos públicos. Incluso no importa si se es corrupto, si se insulta con elegancia se tiene ganado un sitial en el salón de los Más Respetados. Ejemplos hay varios: Alfredo Adoum, más recordado como autor de “Barbie de Vilcabamba”, “Travesti Brasileño” y otros memorables apodos que nada más decirlos dan risa, más que por haber dilapidado el Ministerio de Energía.

Hay un extraño y hasta perverso juego de espejos entre lo que dice el Presidente y lo que replica buena parte de la prensa y no pocos artículos “de opinión”, barnizados de hipócrita defensa de valores y principios de coyuntura que ocultan, tras un estilo cuidado en lo público, la misma intolerancia que en apariencia rechazan. Quién psicoanaliza esto?

Roberto siempre podrá rizar el rizo, con su habilidad verbal. Pero lo cierto amigo es que en esta “se te escapó la tortuga” como diría Maradona.
26 de abril a las 2:38 · Me gusta

Ivan Garces wá ! Que divertido está esto ! Un buen chat y con altura. Si asi llueve que no escampe y que sigan o no sacando el dedo proliferen mas chats como este !
26 de abril a las 8:24 · Me gusta · 3 personas

Manolo Sarmiento Personalmente celebro la bilis de Roberto. El oficio de la escritura requiere de bilis y cuanto más amarga, mejor. Y al Wasinton Post criollo le agradezco que me permita leerlo. Yo sé que en el fondo lamenta tener que hacerlo, que le sirve a sus intereses provisorios, lo sé, pero eso no me importa, Los dueños del expreso y sus intereses coyunturales caerán en el olvido, pero perdurará por muchos años el retrato que está haciendo Roberto de nuestra generación en el poder. Para que nuestros hijos sepan que no eramos en el fondo tan bacanes como parecíamos. El amigo trigo que gobierne, que nadie le está diciendo que deje de hacerlo, que gobierne. Cada cual a lo suyo.
26 de abril a las 9:36 · Me gusta

Manolo Sarmiento Y por cierto, a mi no me importa que el amigotrigo utilice su bilis al hablar. Estamos hablando de encarcelar a la gente por manifestar su desacuerdo.
26 de abril a las 9:37 · Me gusta · 1 persona

Ivan Garces ‎...osea, no muestres el dedo y vota NO
26 de abril a las 9:38 · Me gusta

Roberto Aguilar Andrade Es extraño que se me critique por haber usado el calificativo de cretino en un debate cuyo punto de partida era, precisamente, el derecho inalienable que nos asiste de mostrar el dedo, como Calle 13. Lo hice para comentar ese verso que citó Orlando Pérez en su artículo: “aquí se respeta o se te espeta”, que me pareció muy apropiado para cantárselo a Correa. Si te la pasas insultando a medio mundo, tienes que estar dispuesto a que te muestren el dedo. Por lo menos. Si habiendo insultado a medio mundo todavía crees que te mereces respeto, te revuelve que te muestren el dedo y, porque tienes el poder para hacerlo, mandas a encarcelar al perpetrador del gesto, entonces eres un cretino. Me reafirmo.
El problema es que, en algún punto del debate, este gesto tan concreto de enseñar el dedo se convirtió en metáfora de algo, porque “dada la correlación de poderes en este país… quienes han ejercido todos los poderes durante mucho tiempo se sienten con derecho a mostrarle el dedo a toda la sociedad”. Y eso sí que no, claro. O sea que la señora Parra no es la señora Parra (esa dama pelucona o lo que fuese): es la oligarquía. Y Rafael Correa es el vengador enmascarado que lucha por resarcir nuestro honor mancillado. Es una causa moral.
Mucho discurso, me parece a mí, cuando en realidad yo no hablaba sino del dedo. Del mío. Y de la posibilidad de ir preso si me atrevo a usarlo delante de algún cretino; ir preso, inclusive, si el cretino ve mal y se confunde y cree que le estoy enseñando el dedo cuando en realidad estoy pidiendo un cerveza, o señalando el cielo (¿alguien puede asegurar que esto no ha ocurrido ya? Así, pues, las manos quietas). Lo que nuestros amigos retóricos de la causa moral no pueden responder es cómo, en la práctica, se compagina la emoción estética e ideológica o por lo menos la simpatía que les produce el dedo enhiesto de Calle 13, con el respaldo a la medida presidencial de meter preso a quien lo enseñe. Respaldo vergonzante, pero respaldo: Tania dice que sí, que es un acto autoritario, “pero…”. Y a la conjunción adversativa sigue toda una retórica que no hace otra cosa que justificar el acto de autoritarismo.
A Jorge Luis le parece mal que yo, siendo periodista, tenga además una posición, y que la exprese aquí en el Facebook. Habráse visto, ¡cómo se me ocurre! Lo que motivó su comentario fue mi ruin canallada de llamar cretino al Presidente. Calificativo “extremo” que lo “sorprende”. Menos extremo que enseñar el dedo, por cierto; pero si a la Señora Parra el Presidente le manda encima la milicia por mostrar el dedo, a mí Jorge Luis me manda la Policía intelectual por decir “cretino”. Y descubre escandalizado la posición desde la que escribo mis crónicas políticas. Entonces resulta que el dedo del Roberto Aguilar no es el dedo del Roberto Aguilar, es la perversa desfachatez de la prensa corrupta. ¿Vieron por dónde va el modelo?
26 de abril a las 22:37 · Me gusta · 2 personas

Roberto Aguilar Andrade Y sí, claro: el calificativo cretino lo pongo en el Facebook, no en mis crónicas. Simplemente porque en mis crónicas no hace falta y porque no corresponde con el rigor periodístico que exige el género. Creo que no se puede hacer buen periodismo sin tomar postura. Pero creo también que no se debe sacrificar el rigor periodístico en nombre de la postura, como hacen María Josefa Coronel o Carlos Ochoa. Eso cuesta un gran trabajo. Creo que lo que le incomoda a Jorge Luis es el rigor de mis crónicas. Perdón que yo lo diga. Le molestan, le indignan porque plantean una narrativa del poder distinta a aquella en la que él ha decidido creer, pero no sabe por dónde agarrarlas porque están hechas con rigor. Casi casi le parece que su principal defecto es que están bien escritas. Entonces encuentra una opinión mía en el Facebook, con epíteto incluido, y dice ahí está, “desde ahí hay que leer sus crónicas”. Ya no tiene que molestarse buscando los argumentos para desestimarlas, le basta con acudir a una palabra pronunciada en otro contexto, fuera de ellas. Pero se equivoca: todo lo que se necesita para entender mis crónicas está en ellas, incluida mi postura, que no se disimula.
Lo que no entiendo, Jorge Luis, es tu alusión al Expreso. ¿Dónde, ya que no es ahí, te parecería moralmente aceptable que yo escribiera?
26 de abril a las 22:40 · Me gusta · 1 persona

Manolo Sarmiento Pelado el pollo.
27 de abril a las 11:45 · Me gusta

Ivan Garces jaja, lo demás es lo de menos. jeeeeee
27 de abril a las 11:50 · Me gusta

Jorge Oquendo ‎(autoritarismo ≤ respeto) + (opresión ≥ libertad) + (poder ≤ abuso) + (bilis ≥ dedos) + (califícame ≤ descalifícame) = escándalo X escándalo. ¿Qué mismo está pasando por fuera del discurso vociferante entre los poderes? ¿Pasa algo en este país fuera de la lógica efervescente del escándalo?
27 de abril a las 12:39 · Me gusta

Larissa Marangoni ‎"Cuando la memoria excede a los sueños, el final está cerca" (Michel Hammer)
27 de abril a las 12:51 · Me gusta

Jorge Luis Serrano Salgado Policía intelectual? Bueno! En realidad casi me relevas de hacer comentarios Roberto. Ninguno de los 137 proyectos que hemos apoyados desde el Consejo me ha dicho eso. La Gestapo del Facebook! Bueh! Creo que el tema del Gran Hermano los tiene mirando a todos lados. Para mi si fue revelador el epíteto, quizás ingenuamente porque veo que detrás del rigor se esconde también la intolerancia que se critica. Tu insulto es una fisura en tu rigor.

El Facebook no es un ámbito privado, digamos que mezcla lo personal y lo colectivo y por eso se llama red social. Se dice que Obama ganó la presidencia por su uso de las redes sociales, las mismas que tumbaron al faraón de Egipto, así que no es que acá lo digo como en la sala de mi casa y allá, cuando escribo, sí me cuido.

Lo de El Expreso viene a cuento porque escribes ahí, por nada más y porque sigo pensando que no se qué envenena más, si los dichos del Presidente o los 200.000 ejemplares diarios de El Extra, donde no solo muestran el dedo sino bastante más de la anatomía de señoritas muy bien alimentadas, algunas en exceso incluso, para mi gusto, al lado de decapitados de todo tipo. Pero Granasa está para otras cosas... Ojalá se hable de eso también, algún momento.
27 de abril a las 12:53 · Me gusta

Jorge Luis Serrano Salgado Por otro lado, pollo con bilis no es bueno Manolo, te puedes atragantar, jaja
27 de abril a las 12:54 · Me gusta

Ecuador Para Largo Esto se puso buenísimo. Insisto en mi "retórica" y en mi "conjunción adversativa": "o se respeta o se te espeta" es lo que este gobierno le ha dicho a una serie de poderes que, durante décadas, han hecho y deshecho en este país, sin que nadie les "espete" nada (embajadora gringa incluida). Pero ahora resulta que la indignación por los actos de autoritarismo (indignación que comparto) sólo se expresa cuando afectan a la "Señora Parra" (y esto ya no comparto, porque me resulta sesgado, por decir lo menos). No creo que sea justo que la señora pague con cárcel la expresión de su "asco" (es tan obvio que no hace falta repetirlo) pero la bilis también tendría que alcanzarnos para ver en el "asco" de la metafórica señora toda la "ira, odio, rencor, frustración" de quien siente que el "jefe de estado del país en el que vive" ya no le sirve. Literalmente: ya no le sirve (como le han servido otros "jefes", por autoritarios que fueran). Me reafirmo: la señora no se "portó mal", se portó como acostumbran algunos señores y señoras, con desdén y asco por la gente que no les sirve (instituciones públicas incluidas, siguiendo la línea de la lúcida Valeria). Lo que pasa es que esta vez (y esto nunca imaginó la valiente señora) le respondieron con un desagradable (y autoritario): "o se respeta o se te espeta".
27 de abril a las 15:02 · Me gusta · 1 persona

Ivan Garces ‎...y todo esto comenzó con calle 13 en tu muro Orlando ! Buéeenaaa !
27 de abril a las 15:38 · Me gusta

Diego A Falconi A Cuándo hacemos pública una acción, un dedo, un comentario en la red o un artículo publicado, lo ponemos en relación con su contexto. Ese contexto tiene causas previas, un desarrollo histórico, no es aséptico ni ingenuo, ni mi dedo ni mi palabra lo son tampoco, y a partir de ese punto son símbolos, ya no puedo decir "sólo es mi dedito". Ingenuos los que trabajamos con símbolos? Buéh....Calle 13 expresa una tendencia, viene de una experiencia y llama a portarse "mal" contra un concepto de "bien" histórico y concreto. No existe "poder" en abstracto y "democracia", "tolerancia","respeto" tampoco existen en abstracto. Las palabras y los conceptos son símbolos que se usan para defender intereses concretos.
27 de abril a las 18:59 · Me gusta

Diego A Falconi A os símbolos nos habitan y tenemos que asumirlos dentro de nosotros si algo queremos cambiar. verme a mi mismo como producto histórico de una experienciapor otro lado esa lucha simbólica requiere estrategias, y sería también ingenuo
27 de abril a las 19:07 · Me gusta

Diego A Falconi A deslegitimar a alguien por el sólo hecho de tener una, hasta nuestro inconsciente tiene estrategias simbólicas. Comenzar por una mirada a nuestras propias condiciones y determinaciones históricas y sociales no estaría nada mal compañeros intelectuales ! antes de quemar la paja en el ojo ajeno...
27 de abril a las 19:13 · Me gusta

Diego A Falconi A o conocen algún libertario asimbólico abstracto ?
27 de abril a las 19:22 · Me gusta

Orlando Pérez Y bueno ahora me toca a mí....
27 de abril a las 23:01 · Me gusta

Orlando Pérez Esa es la realidad, tan compleja, hasta 'irreal' sobre la cual hablamos desde hace rato y nos alejamos de lo que tendríamos que inventar, crear, procrear y hasta degenerar, como Calle 13... He dicho
27 de abril a las 23:06 · Me gusta

Ivan Garces Nominacion a los 10 mejores del facebook 2011 !!
28 de abril a las 0:23 · Me gusta

Jorge Oquendo ¿Qué mismo está pasando por fuera del discurso vociferante entre los poderes? ¿Pasa algo en este país fuera de la lógica efervescente del escándalo? que hablen los entendidos.
28 de abril a las 2:51 · Me gusta

Larissa Marangoni Cuando se quiere llevar adelante un proceso de cambio, se debe tener en cuenta que las personas pretenden que la nueva situación les proporcione la misma seguridad que la previa. Mientras el proceso avanza sin mayores dificultades, el cambio sigue adelante, pero no bien se producen inconvenientes, las personas tienden a volver rápidamente a la situación anterior y es por eso que gran proporción de los procesos de cambio fracasan al poco tiempo de ser implementados.
Para que un proceso de cambio pueda implementarse con éxito y sostenerse en el tiempo, es fundamental tener en cuenta el factor humano. Las personas deben confiar, estar motivadas y capacitadas, ya que el cambio es un proceso muy duro a todo nivel.
28 de abril a las 11:53 · Me gusta